jueves, 3 de diciembre de 2015

Satélites / Relámpagos 26


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Despedazar ancestros quizá sea
nuestro secreto oficio involuntario.
Mezclarlos y licuarlos sin querer
hasta que no quede sino un caldo
que ya no imponga nostalgia y así
en el cenit de una noche ni antigua
ni moderna beberlo hasta saciarse
y pasar como si todo como si nada
elegantemente a otra cosa.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Satélites / Relámpagos 25

“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Fue tanta la intensidad de esos mantras
que cuando hicieron silencio
arrodillados frente a la salamandra
lo que seguía mantrando era el fuego.

Satélties / Relámpagos 24

“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Bombardean el tímpano los astros larvarios
amperios nativos del planetariado universal.

Dónde van a morir las lombrices
del fuego virgen, del fuego inmaculado.
Dónde los cerebros ciegos, los juegos celestes,
las bridas caídas del renacuajo que calcina
la luz de tus despojos salitrosos. 
Dónde renacer neurona o jalea 
de abeja real. Cómo
exprimir un puente colgante
entre la visión terrestre y el canto del humedal.

El sol se posa sobre el hielo
en un silencioso amanecer plateado
de átomo lunar. De reojo
su miel auroral nos mira: el jugo oracular
en el oído inoculado.

martes, 1 de septiembre de 2015

Satélites / Relámpagos 23


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Nos pusimos ese chivo eléctrico al hombro
y partimos como un petardo de la metrópolis, la que lejos
bufa o bala para atraernos a su tedio, a su ajado
tomacorriente, eterno lamento, para traernos
de vuelta a su voltaje de humanoides rudos
o raídos, poco importa si se les tuerce
la ropa pero jamás el cuore, ni se les curva
apenas el ánimo o el oído, ni un poco de látigo
nebuloso en la visión, y de sus contracaras
igual de tediosas partimos, lejos del amontonado
cacareo, bien lejos de su ruido hacia glaciares
que en silencio meditan partimos, expatriados,
con el hambriento animal a cuestas, con su hambre
de crestas blancas e inmensas, de horizontes
fríos y vientos y esponjosos espacios sin eco,
donde nunca hubo parlantes que vocearan
los inéditos voltios de este chivo que llevamos
o nos lleva hacia un modesto enchufe esquimal   
donde su hambre y su electricidad tengan sentido.

lunes, 31 de agosto de 2015

Satélites / Relámpagos 22


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Y lo que vimos esa noche, como un oráculo chirle,
cuando muchos ya bostezan hacia el sueño
y ciertos insectos aún no se despiertan:
ese mecanismo de la inminencia, de resorte dormido,
el instante apretujado entre el fósforo
y la chispa, un modesto y explosivo
intervalo del mundo, ni siquiera
un arrebato, la onda expansiva
contenida en los pulmones, ningún
sonido ni distracción, fija en nosotros
la mirada curva del saltamontes
antes de dar el salto. 

jueves, 20 de agosto de 2015

Satélites / Relámpagos 21

“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Caminamos con dificultad entre la gente.
Nos cuesta estrechar la mano
sin perder la piel. Nadie sabe
del dolor del pasto en la boca, la postiza dentadura
derritiéndose cada noche
como leche llagada entre las manos: los violentos
desvelos, las pupilas obsesivas de las moscas
observándolo todo, los intentos
de no besar seguido.
Muy pocos registran –aunque algunos juran
pasarlo por alto– el esfuerzo que implica
domeñar el encendido espinazo
que se abre paso a tajo limpio, el peso
de su mosaico de escamas
cuando atraviesa la piel de la espalda
al primer abrazo de la mañana: la fingida torpeza
de esconder sin éxito
los colmillos, la lengua filosa, este frágil
corazón de reptil.  

lunes, 3 de agosto de 2015

Satélites / Relámpagos 20


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”
Bien adentro en su caparazón de amianto,
cielo contracto, al infinito acurrucado,
envuelto el vuelo –el halo que palpita–
en su corazón multifocal y encebollado
–apenas quieta su tormenta que se asoma
por el limbo anciano que nos mira–
resuena extático y ubicuo
el vacilante oráculo de las piedras.

viernes, 24 de julio de 2015

Satélites / Relámpagos 19


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Que el pollerón de la poluta noche
nos envuelva en sus brillantes
flatos; o no, ni nos toque (o sí, pero no
tanto): o al menos nos conceda
un poco –ese trino angelical–
de la hundida gracia
que prolifera en sus herméticas,
garabateadas letrinas

lo suficiente como para no
desfallecer en un último,
perruno suspiro.

Todo ángel es

relámpago, errancia: lo que acecha
el ya rancio planeta de la letra, invasión
satelital.

martes, 21 de julio de 2015

Satélites / Relámpagos 18


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Y así en lo éxtimo, en lo nimio de unas bragas
colgadas sobre un puente, en el braille erizado de la carne
afeitada del cielo, puede verse todo
lo que nos sobra, alguna que otra cosa
fuera de lugar o en el lugar
equivocado. Alguna vez
habrá que desaprender todas
nuestras simplezas, entregarse
al olfato errabundo que una
por una transforma estas postales
en señales, ahí afuera, en almendras
dimensionales, en exilios, o en portales
de un lejano olor a eucaliptus.

lunes, 29 de junio de 2015

Satélites / Relámpagos 17


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Del hospital de tu frente sale espuma
como una suspensión del pensamiento.
Un recreo de circunvoluciones: hay vacíos
en los que no se oyen las sirenas.
Este es uno. Un vacío: las prerrogativas de un cerebro
frizado para toda la temporada.

"No es deporte saber que en invierno
lo helado se conserva mejor
a temperatura ambiente".

¿Desde cuándo aceptamos
semejante tibieza? No es destino
ni deportación a Siberia pero duele
el hado de nuestra medianía.

Aunque hay suspensos y suspensos.
Justo ahora me dispongo
a sopesar la grieta de tu frente
desnuda entre la espuma.

Ojalá de ahí saliera un rayo
que pusiera en suspenso
-es decir en flotación- todo
lo que damos por sentado.

sábado, 20 de junio de 2015

Satélites / Relámpagos 16


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Cuando troquelado el corazón se desinstala en el jadeo
de estas vistas que simulan abisinias oh visiones
de bisontes liberados en la pulpa de esta fría esqueletina
que tirita bien adentro en los tirantes del vestido

los que vuelven dan el giro la frenada hacia su origen
palpitantes en lo inmenso de esas habas desoladas
que me trago caracolas del azar respiraladas
en las manos que troquelan corazones de bisonte

no se miran los videntes si el regalo es animal
o su sorpresa por atrás nos tome como alcoholes
de quemar hasta la gota ultérrima nos gima
no seremos carnada de cañón proyectil que en el agua

deletrea salpicando el nombre de tus vuelos.

jueves, 18 de junio de 2015

Satélites / Relámpagos 15


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

¿Y cómo huele el agua después del slalom
de la serpiente, cuando la filmina es agitada y aparecen
pequeños bulbos de borde indefinido? ¿Y cómo sabe
la serpiente desnuda? ¿Cómo sienten
los lagos, en su piel, las curvas
del slalom si, desnudo y olvidado
de mí, me zambullo
en su vientre lleno de escamas?

¿Cómo huele el agua, Colibrí, cuando olvidamos
que somos parte de un planeta devastado? 

viernes, 12 de junio de 2015

Satélites / Relámpagos 14


¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!

Dicen que este podría ser un camino
hacia el corazón de la materia, algo firme
y modesto como una mosca
promiscua sobre la fruta, o más bien
la boa perimetral
y despedazada que anida
en tus ocho cardinales (contalos:
hay ocho y sin duda puede
haber más). Habrán de venir
sonando esos cascabeles
hacia el planeta eclipsado
que tus gestos diseñan,
desenfrenados, cual corazón
hundido en la materia. Dicen que este
podría ser un camino, uno
entre otros.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Satélites / Relámpagos 13


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

No es más que una sandía supurando
su sangrial sobre el pasto. No son más
que trozos repartidos, estrategas
y azarosos, como migas
sobre el tambor de la aorta. Ni más
que ventrículos arrancados con los dientes
(en un rapto corto
y rotundo) del corazón y
las alianzas, del cristal derretido
en que devienen las máscaras
cuando las alcanza la luz
o su sonido. No están lejos
los vengadores de Planeta Zumbido
para redimir o comerse
tanto deleite desparramado.

viernes, 8 de mayo de 2015

Satélites / Relámpagos 12


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Escribir como si los humanos
no existieran un pseudo código
se rompe al primer contacto
de corazón animal.

lunes, 13 de abril de 2015

Satélites / Relámpagos 11


"¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!"

Pero, ¿es un hormiguero? ¿Esto? ¿Donde te sentás
a rascarte? ¿O es un rezo empuñado por la única
hormiga que se aleja (¿tu amiga?)
del centro indeciso de ese bulto
inquieto y pluriforme? Cuántas horas
de vuelo y cuánta pista
para lo que no tiene noción
de aterrizaje. Ni culpa de no.
¿Aterrizar? ¿Ya? La risa
sin dosaje en la canosa barba
derramándose lenta
por el costado herrumbrado de la canoa
de hace días, que no abre
ni roza, claro (¿o menos, apenas tenue?),
que ni siquiera toca la pulpa
de la única hormigueante amiga que se aleja
mientras te sentás en las plegarias
de un planeta que ha perdido uno
de sus zombis.