“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”
Bien adentro en su caparazón de amianto,
cielo contracto, al infinito acurrucado,
cielo contracto, al infinito acurrucado,
envuelto el vuelo –el halo que palpita–
en su corazón multifocal y encebollado
en su corazón multifocal y encebollado
–apenas quieta su tormenta que se asoma
por el limbo anciano que nos mira–
por el limbo anciano que nos mira–
resuena extático y ubicuo
el vacilante oráculo de las piedras.
el vacilante oráculo de las piedras.
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