sábado, 12 de septiembre de 2015

Satélites / Relámpagos 25

“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Fue tanta la intensidad de esos mantras
que cuando hicieron silencio
arrodillados frente a la salamandra
lo que seguía mantrando era el fuego.

Satélties / Relámpagos 24

“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Bombardean el tímpano los astros larvarios
amperios nativos del planetariado universal.

Dónde van a morir las lombrices
del fuego virgen, del fuego inmaculado.
Dónde los cerebros ciegos, los juegos celestes,
las bridas caídas del renacuajo que calcina
la luz de tus despojos salitrosos. 
Dónde renacer neurona o jalea 
de abeja real. Cómo
exprimir un puente colgante
entre la visión terrestre y el canto del humedal.

El sol se posa sobre el hielo
en un silencioso amanecer plateado
de átomo lunar. De reojo
su miel auroral nos mira: el jugo oracular
en el oído inoculado.

martes, 1 de septiembre de 2015

Satélites / Relámpagos 23


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Nos pusimos ese chivo eléctrico al hombro
y partimos como un petardo de la metrópolis, la que lejos
bufa o bala para atraernos a su tedio, a su ajado
tomacorriente, eterno lamento, para traernos
de vuelta a su voltaje de humanoides rudos
o raídos, poco importa si se les tuerce
la ropa pero jamás el cuore, ni se les curva
apenas el ánimo o el oído, ni un poco de látigo
nebuloso en la visión, y de sus contracaras
igual de tediosas partimos, lejos del amontonado
cacareo, bien lejos de su ruido hacia glaciares
que en silencio meditan partimos, expatriados,
con el hambriento animal a cuestas, con su hambre
de crestas blancas e inmensas, de horizontes
fríos y vientos y esponjosos espacios sin eco,
donde nunca hubo parlantes que vocearan
los inéditos voltios de este chivo que llevamos
o nos lleva hacia un modesto enchufe esquimal   
donde su hambre y su electricidad tengan sentido.