martes, 1 de septiembre de 2015

Satélites / Relámpagos 23


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Nos pusimos ese chivo eléctrico al hombro
y partimos como un petardo de la metrópolis, la que lejos
bufa o bala para atraernos a su tedio, a su ajado
tomacorriente, eterno lamento, para traernos
de vuelta a su voltaje de humanoides rudos
o raídos, poco importa si se les tuerce
la ropa pero jamás el cuore, ni se les curva
apenas el ánimo o el oído, ni un poco de látigo
nebuloso en la visión, y de sus contracaras
igual de tediosas partimos, lejos del amontonado
cacareo, bien lejos de su ruido hacia glaciares
que en silencio meditan partimos, expatriados,
con el hambriento animal a cuestas, con su hambre
de crestas blancas e inmensas, de horizontes
fríos y vientos y esponjosos espacios sin eco,
donde nunca hubo parlantes que vocearan
los inéditos voltios de este chivo que llevamos
o nos lleva hacia un modesto enchufe esquimal   
donde su hambre y su electricidad tengan sentido.

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