jueves, 20 de agosto de 2015

Satélites / Relámpagos 21

“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

Caminamos con dificultad entre la gente.
Nos cuesta estrechar la mano
sin perder la piel. Nadie sabe
del dolor del pasto en la boca, la postiza dentadura
derritiéndose cada noche
como leche llagada entre las manos: los violentos
desvelos, las pupilas obsesivas de las moscas
observándolo todo, los intentos
de no besar seguido.
Muy pocos registran –aunque algunos juran
pasarlo por alto– el esfuerzo que implica
domeñar el encendido espinazo
que se abre paso a tajo limpio, el peso
de su mosaico de escamas
cuando atraviesa la piel de la espalda
al primer abrazo de la mañana: la fingida torpeza
de esconder sin éxito
los colmillos, la lengua filosa, este frágil
corazón de reptil.  

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