“¡Hipercolibrí,
lanza relámpagos!”
Y lo que vimos
esa noche, como un oráculo chirle,
cuando muchos
ya bostezan hacia el sueño
y ciertos
insectos aún no se despiertan:
ese
mecanismo de la inminencia, de resorte dormido,
el instante
apretujado entre el fósforo
y la
chispa, un modesto y explosivo
intervalo
del mundo, ni siquiera
un
arrebato, la onda expansiva
contenida
en los pulmones, ningún
sonido ni
distracción, fija en nosotros
la mirada curva
del saltamontes
antes de
dar el salto.
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