“¡Hipercolibrí,
lanza relámpagos!”
Y así en lo
éxtimo, en lo nimio de unas bragas
colgadas
sobre un puente, en el braille erizado de la carne
afeitada
del cielo, puede verse todo
lo que nos
sobra, alguna que otra cosa
fuera de
lugar o en el lugar
equivocado.
Alguna vez
habrá que desaprender
todas
nuestras
simplezas, entregarse
al olfato
errabundo que una
por una
transforma estas postales
en señales,
ahí afuera, en almendras
dimensionales,
en exilios, o en portales
de un
lejano olor a eucaliptus.
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