“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”
Estamos dormidos sobre el capot, retirados
bajo los velos crujientes de la sabana
inmensa y olorosa: trece
bajo los velos crujientes de la sabana
inmensa y olorosa: trece
animales que resoplan, trece huevos o
planetas recién nacidos,
desperdigados como dados o runas o
moléculas de sal sobre las mesas
carnosas de la galaxia.
planetas recién nacidos,
desperdigados como dados o runas o
moléculas de sal sobre las mesas
carnosas de la galaxia.
El rito del colibrí arremolina las sábanas
ariscas de cada esqueleto, los tufos
palpebrales que circulan
por las venas. No saber
ariscas de cada esqueleto, los tufos
palpebrales que circulan
por las venas. No saber
nada de los tiempos
del trabajo: confundirse con el frágil
recreo de los seres. Ni una madre ni dos padres
fijos por acá, o muchas madres, tantos
padres extra-humanos: madres-vaho,
padres-celofán, elegidos por generación
espontánea. Y el hermano y la hermana: manantiales
de insectos que se cuelan,
mortereados, por lechosas hendiduras
del cerebro.
del trabajo: confundirse con el frágil
recreo de los seres. Ni una madre ni dos padres
fijos por acá, o muchas madres, tantos
padres extra-humanos: madres-vaho,
padres-celofán, elegidos por generación
espontánea. Y el hermano y la hermana: manantiales
de insectos que se cuelan,
mortereados, por lechosas hendiduras
del cerebro.
Estamos dormidos, enchufados
a la reseca carótida del aire
y un relámpago en el cielo traza
la cicatriz del poema estelar.
a la reseca carótida del aire
y un relámpago en el cielo traza
la cicatriz del poema estelar.
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