“¡Hipercolibrí,
lanza relámpagos!”
Tu cráneo
es lo que menos observo –es el pico
lo que me
atrae, la delicadeza al libar
el hueco
sulfurado de las flores,
aunque no sea
éste un espacio ordinario
donde se
acumula la basura llena de destellos,
brillantes
cuchillos, las monedas
desgastadas
que aún nos guiñan
sus
reflejos mariguanos en la mano de otras eras,
o mejor el épico aletear que arremolina
un
hiperespacio cualquiera –es en este
pulmón de limo
donde nada y anida
nuestro genuino
interés.
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