miércoles, 10 de febrero de 2016

Satélites / Relámpagos 34


“¡Hipercolibrí, lanza relámpagos!”

No quedan más gotas de savia. Ya está
todo concluido. No quedan
más lágrimas vegetales que rociar
sobre este altísimo tronco desnudo.
El albo de su cuerpo está deformado
por todos los rayos de este mundo.
Aún respira, aún suspira pero cada
vez con menos fuerza. Ya está todo
concluido. Su latido agoniza
sobre cada hoja, disperso en este caos
de nervaduras evanescentes.
No quedan más palabras
que escupir a la cara de nadie. Ya está
todo concluido. Recluidas las sombras
de todos los muertos bajo las raíces.
Contorsionadas dócilmente
por esas boas de un verde luminoso.
Arrancadas las raíces, ya no quedan
sino montículos de tierra removida
donde soplar los últimos rumores
que jamás retuvimos. El temblor
de la mano del insomne ya se apaga
sobre la pipa de madera, su corazón
humeante en la tierra. No quedan apenas
restos de civilización. Ya no resta
nada sobre lo cual discutir. Ya está
todo concluido. El sol, la luna, el pico
de esa montaña, esa ventana rajada
por el pico del pájaro, por la lluvia
y el golpe del relámpago. La abertura
en el pecho, rellena de penachos
que sobresalen como flechas
disparadas antes del fin
de los tiempos. Ya está todo
concluido. Ya es hora
de empezar.

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