“¡Hipercolibrí,
lanza relámpagos!”
No quedan
más gotas de savia. Ya está
todo
concluido. No quedan
más
lágrimas vegetales que rociar
sobre este
altísimo tronco desnudo.
El albo de su cuerpo está deformado
por todos
los rayos de este mundo.
Aún respira,
aún suspira pero cada
vez con menos
fuerza. Ya está todo
concluido.
Su latido agoniza
sobre cada
hoja, disperso en este caos
de
nervaduras evanescentes.
No quedan
más palabras
que escupir
a la cara de nadie. Ya está
todo
concluido. Recluidas las sombras
de todos
los muertos bajo las raíces.
Contorsionadas
dócilmente
por esas
boas de un verde luminoso.
Arrancadas
las raíces, ya no quedan
sino
montículos de tierra removida
donde soplar
los últimos rumores
que jamás
retuvimos. El temblor
de la mano del
insomne ya se apaga
sobre la
pipa de madera, su corazón
humeante en
la tierra. No quedan apenas
restos de
civilización. Ya no resta
nada sobre
lo cual discutir. Ya está
todo
concluido. El sol, la luna, el pico
de esa
montaña, esa ventana rajada
por el pico
del pájaro, por la lluvia
y el golpe
del relámpago. La abertura
en el
pecho, rellena de penachos
que
sobresalen como flechas
disparadas
antes del fin
de los
tiempos. Ya está todo
concluido. Ya
es hora
de empezar.
de empezar.
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